NOCHES DE ESTUDIOS

Del Liceo  Domingo Faustino Sarmiento tengo los mejores recuerdos de esas “castas noches de estudios“, se daba de todo, existencia de un ambiente de sana correspondencia entre profesores y alumnos, quizás debido a que el profesorado estaba constituido por aventajados alumnos del Pedagógico de la Universidad de Chile, los que hacían su práctica en ese Establecimiento, eligiéndose entre ellos la dirección de él.

Esta situación motivaba que los jóvenes profesores y algunos maduros alumnos, se encontraran ampliamente a gusto con ese trato franco y comprensivo, lo que redundaba en un mutuo resultado pedagógico, que ayudaba al progreso general de los fines para que fuera creado ese nocturno Liceo.

PIGMALION FUNESTO

En la “”Asociación Cristiana Femenina”, había una profesora de Ballet llamada Yerka  Luksic, que unía a sus conocimientos de danza, una espigada y hermosa figura, la que se destacaba especialmente en las “ “fogatas”  que se desarrollaban en la playa “Horcones”, en las noches abundantes, en huiros y noctículas miliares, (diminutos insectos marinos) que al pisarlos daban la impresión de que saltaban lenguas de fuego, que se prestaba para la presentación  de la “Danza del Fuego”  de Falla, la cual interpretaba en ese escenario natural de dunas y arenas, en medio de la oscuridad esa extraordinaria artista de gran renombre internacional, luciendo su rubia y abundante cabellera  en ese Verano, agradable por  el aire marino y las gaviotas que abundan por esos lugares, el yodo y la sal.

EL CHANCHO Y LAS CABRAS


Cuando  estaba en una zona del pueblo de Puchuncaví , llamado “ La Laguna”, que de acuerdo a su denominación, tenía un extenso lago con una abundante cantidad de peces llamados: “carpas”, los que al ser pescados, constituían  nuestra principal alimentación diaria en ese lugar campestre y de mar, porque cerca se encontraba la playa de “Maitencillo” era un aire puro entremezclado con la brisa marina y la del campo.

CABALLEROS DEL SANTO SEPULVEDA

En la casa de Escanilla, nos reuníamos “Los caballeros del santo sepulcro”, verdadero “club de Tobi” que habíamos formado y que sesionaba cada vez que nuestros momentos de ocio lo permitían, quien  lideraba ese grupo era mi hermano Raúl , que era el mayor de todos, los otros miembros eran : Gastón Magnere ( a quien desvalijábamos jugando al Póker), mi primo Roberto Fourdraine, mi hermano Eduardo , que lo llamábamos Lalo y  dos de nuestros sobrinos (hijos de Raúl )  que escasamente deben haber tenido unos cinco y cuatro años Raúl y Roberto, este último era el “iniciado” de esa ocación , de acuerdo al reglamento en que se regía esta sociedad, debía pronunciar  un discurso para incorporarlo a ella, de tal manera que poniéndose firmemente de pie y sacando infantil pecho, el pequeño Roberto comenzó su oratoria  diciendo:  “ Caballeros del Santo Sepúlveda.”

PARROQUIA “ LA ESTAMPA”

En primer lugar será necesario contar porqué este templo tiene ese nombre; cuentan que en una oportunidad, un campesino andaba portando una estampa de la virgen María, probablemente por un fuerte viento, que en esos momentos arreciaba en ese pueblo, al sacarla hacia el exterior, ésta se voló, atravesando varios pueblos, hasta llegar al barrio Independencia de Santiago de Chile cerca de la “fábrica de cervezas unidas” posándose en ese lugar, por lo que se le denominó “  Parroquia de la Estampa  Volada “.

INFANCIA Y ADOLESCENCIA



Siendo 1 de Diciembre  de 2.002,  he visitado  al antiguo amigo Gastón Magnere, con el cual he mantenido una amistad de 72 años, tan ansioso estaba por su invitación a almorzar que llegué “puntualmente “  como a las 11 de la mañana y entre recuerdos, comida y tertulia nos dio casi las 20 horas, cuando con gran sorpresa para mí, el pequeño departamento en que estábamos fue invadido por un montón de gente muy alegres, que resultaron ser familiares de los dueños de casa, entre los que se entremezclaron: hijos, nietos y bisnietos.

ESCOLARIDAD



Cuando cursé la enseñanza “preparatoria”, equivalente a la actual  enseñanza básica, en el Liceo N° 1 Valentín Letelier, institución que dependía del Estado,  me encontré  en un ambiente escolar que se me tornó terriblemente desagradable, como en un primer momento mis padres con la esperanza de mantener su nivel de ingreso, me habían matriculado los primeros años de estadía en Santiago en la “Academia de Humanidades“, colegio de la Orden Dominicana, particular pagado, pero al tiempo después por razones económicas me trasladaron a este otro establecimiento, los alumnos me apodaban entonces, “hijo de cura” y como era sumamente tímido, fui objeto de continuos  abusos por parte de los compañeros del curso.